A veces lo que se termina no es el amor, sino esto:

Tendemos a creer que el amor puede con todo. Que es la fuerza que mueve el mundo, a las personas y que también será lo único necesario para mantener viva nuestra relación. Pero la realidad no es esa. La realidad es que muchas relaciones se rompen porque no existe nada más que el amar, no hay complicidad, ni confianza, ni esfuerzo. Y en estas ocasiones, amar a alguien no es suficiente.

Muchas veces la vida nos pone entre la espada y la pared. A veces te encuentras en la difícil elección de quedarte con esa persona que no te hace feliz, pero a la que amas, o ser fuerte y decir adiós, aunque duela. Es importante que interioricemos que cuando empieza a agotarse la paciencia con nuestra pareja, cuando se pierden nuestras propias ilusiones y ya no existe interés mutuo, es mejor alejarse, porque podemos caer en la trampa y perdernos a nosotros mismos.

Es ahí cuando empiezan las problemas de autoestima, la frustración hacía nuestra propia persona, y ese es el punto de partida para llevar una vida infeliz.

Cuando empezamos una relación, creemos que esa persona va a estar a nuestro lado para siempre. Que es el amor de nuestra vida y que nuestra relación nunca va a tener fecha de caducidad. Construimos infinitas ilusiones alrededor de ese amor y además le ponemos muchas ganas para que todo funcione. El problema es que estas expectativas sólo están en nuestra cabeza, y hay muchas veces que la realidad es muy distinta a esas expectativas que hemos creado. Y en ese punto, empiezan los problemas.

Así que, si no quieres que tu relación sea un fraude y se acabe, mantén siempre en cuenta estos aspectos relacionales.

3. Vive el presente

Primero de todo, debes aprender a vivir en el presente. Es decir, aprende a decidir según como te sientas en ese momento. Muchas personas tienden a aguantar en una relación porque se imaginan que la otra persona va a cambiar y que en un futuro todo será mejor, pero eso es un error. Cada persona es como es, hay algunas que son compatibles y otras que no, así que si no funciona en este momento, no va a funcionar más adelante. El amor no es sufrimiento, si alguien te ama de verdad nunca te hará sufrir.

2. Aguantar una relación sólo debilitará tu autoestima

Aceptar un perdón es positivo, siempre y cuando venga acompañado de un arrepentimiento sincero y de unas ganas verdaderas de que no se vuelva a repetir. Muchas personas aguantan en sus relaciones perdonando todos los fallos del otro, y cediendo en todo. Cuando se empieza en esta rueda, lo único que estamos haciendo es perdiendo nuestra esencia y un pedacito de nosotros mismos. Muchas mujeres renuncian a salir con las amigas o a esas aficiones que tanto le gustan, solo porque su marido se lo ha pedido. Aunque no se den cuenta cuando lo hacen, están mermando cada vez más su autoestima. Están poniendo su vida en manos de otra persona, hasta el punto de llegar a perder el control de su propia vida.

1. Saber acabar una relación te ayuda a crecer como persona

Romper una relación siempre es un proceso doloroso. Aunque estamos acostumbrados a pensar que el que más sufre es la persona a la que han dejado, también lo hace el otro. Si además es una relación de muchos años, aún se acentúa más.

Son muchos los recuerdos, las costumbres y las rutinas que nos hacen más difícil ese momento. Aunque si te sientes más ahogada en esa relación, que estando sin ella, es hora de decir adiós.

No debes tomarte este momento como un fracaso, sino como un aprendizaje. Aunque haya sido la peor relación del mundo, siempre puedes sacar cosas positivas para la próxima y para tu propia vida. Decir adiós es un acto de coraje, así que también te ayuda a crecer como persona.

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