Cuando una Mujer se olvida de quien es el amor de su vida… Ella te lo cuenta así…

Me levanté un día con alguien a mi lado a quien no reconocía. Su boca olía mal y roncaba tan fuerte que no me dejaba descansar. Sus calzoncillos eran viejos y estaban bastante gastados. Sus manos eran grandes y sucias y en uno de sus dedos reposaba un anillo marcando el territorio de alguna dama que no había triunfado mucho en eso del amor.

Su pelo lo cubría una manta blanca que marcaba el paso de los años. Y en una de sus rodillas tenía una cicatriz que me decía que había tenido una mala vida.

Eran las diez de la mañana y la persona desconocida con la que estaba compartiendo cama, sábanas y almohada no se despertaba. Cogí la primera muda de la cómoda y me dirigí a la ducha. Confíe en que cuando saliera de darme un baño el no estuviera ahí.

Entré, esperé a que el chorro de agua que salia a presión subiera su temperatura y quitándome la piel de gallina que casi parecía papel de lija, puse mi no tan delicado pie en el plato de ducha y rápido tire la toalla al suelo como una de esas películas que después se le ve un cuerpo perfecto y marcado de tanto gimnasio.

Pero mi piel estaba caída y manchada por los años que habían aguantado las caídas. Mientras estaba relajada, alguien abrió la puerta del baño y entró a la ducha conmigo, me enjabono entera y me susurro lo muchísimo que me quería pese el paso del tiempo.

Me contó en voz bajita que aún seguía enamorado de mí, que le gustaba la bolsa que caía de mis ojos marrones. Me abrazó atrapando mis tetas caídas en su pecho peludo. Rodeé con mis brazos sus pecas y las besé.

Deje de lado el alzheimer y decidí darle uno de esos besos que perdonan la vida. Que perdona hasta no acordarme de su nombre cada mañana. Uno de esos besos que mañana pensaré que jamás se lo habré dado.

El tiempo paso aprisa y me hizo presa de los años.

Ohyeea – Moni Marbaan.

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