¿Has sentido alguna vez dolor en el alma? Mira esto:

¿Has sentido alguna vez como si te estuvieran rasgando cada fina capa de tu piel? o ¿Como si te estuvieran dando patadas en el estómago, tan fuertes, que solo puedes retorcerte de dolor? Seguro que tu también has pasado por la fase en la que solo ves nubes a tu alrededor, esas que hacen que lo veas todo oscuro y que aunque intentas alejarlas de ti, eres incapaz de hacerlo porque eres tú misma quien las está provocando. Si alguna vez has estado aquí, es que te duele el alma.

1. Aunque hayas superado

Aunque hayas superado un poco ese estado y te encuentres con fuerza, hay un día en el que vuelves a sentirte como si el sol no hubiera salido para ti. Intentas buscar sus rayos, pero no hay ni rastro. Y hoy es como uno de esos días, esos en los que solo respirar ya te duele. E intentas con fuerza salir de ahí, apartar esa nube que está lloviendo encima de ti, pero no lo consigues. Y todos los recuerdos del pasado, se vuelven presentes.

2. Puedes ver el recuerdo

Puedes ver el recuerdo de ese que te ha propiciado tanto dolor en todas partes. Y esa rabia que provoca no poder sacarlo de la cabeza, duele aún más. Y recuerdas ese amor perfecto que fue y ya nunca más será, e intentas no llorar pero no lo consigues. Y empiezan a venir a tu mente todas las promesas que no se cumplieron, todos los te quiero que ahora están tan vacíos y todo el futuro que imaginaste a su lado. Y te planteas si es cierto lo que dicen que el tiempo lo cura todo, y ves que por ahora no. Llevas mucho tiempo en esta situación y aunque sientas alivios momentáneos, el dolor sigue ahí.

3. No quieres que se sientan mal

Y aunque todas las personas de tu alrededor intenten hacerte la vida más fácil, que sonrias y que vuelvas a ser feliz, no lo consiguen. No quieres que se sientan mal y les complaces con una media sonrisa, aunque tu interior esté llorando. Y aunque no lo digas, sabes que solo el abrazo de esa persona podría hacer que todo desapareciera.

Aún así, debes seguir adelante. Mostrarte fuerte y esconder ese monstruo que te muerde el alma y se alimenta de tus recuerdos.

4. No quieres que nadie te juzgue

No quieres que nadie te juzgue más por llorar y que nadie comprenda por lo que estás pasando. Por eso acabas el día llorando en tu cama. Y aunque no hayas dormido nada, sabes que el día de ayer fue pasajero y que todo el mal que sentiste, hoy ya no será tan fuerte. Te has dado cuenta que ya nada volverá a ser como antes, y aunque duela lo has aceptado. Lo has perdido, pero ya de nada sirve buscar culpables. Hay cosas que no funcionan, y cuando eso ocurre es mejor cerrar puertas. Y aunque no lo creas, cuando una puerta se cierra, es para que se abra otra aún más grande y con más luz.  Nadie debería nunca mendigar amor al otro. El amor es eso que debe salir a chorros de un cuerpo para invadir otro. Y cuando eso se hace por obligación, lo único que invaden son los reproches y la infelicidad.

Y no debes olvidar que un dia va a llegar alguien a tu vida, que te va abrazar tan fuerte que todas tus partes rotas se juntarán de nuevo. Y entonces entenderás porqué otras personas no se quedaron. Llora, llora mucho para sacar todo el dolor que llevas dentro. Y no te sientas mal por ello, esa es la única manera de hacer que tu corazón vuelva a su estado natural.

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