Hombre trató de menospreciar a una Mujer en público y ella con su respuesta lo dejó avergonzado

Qué normal es encontrar gente chula o ingrata por la vida. Hay personas que, porque ganan más, ya se creen mejores o se creen con más derechos. Y esto es una realidad que pasa mucho.

En la siguiente corta historia reflexiva, una mujer (profesora) da una buena lección a un gerente empresario que cree ser mejor. Sentados en una mesa mientras cenaban y discutían sobre la vida, con otras personas, el señor gerente le preguntó a la mujer una pregunta fuera de lugar y esta le dio una respuesta que lo dejó callado, helado y pensativo durante toda la cena. ¡Genial respuesta!

El gerente impertinente dijo:

-“¿Qué puede aprender un niño de alguien que decidió que su mejor opción en la vida era convertirse en profesor?”

Para sostener su argumento señaló a una de las personas que estaban ahí y le dijo,

-“Tú eres profesora, Claudia. Sé honesta, ¿cuánto ganas?”

La profesora, que tenía una reputación de ser honesta y franca, respondió:

“¿Quiere saber cuánto gano?”

(Pausó por un segundo y después comenzó…)

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“Bien, hago que los niños trabajen más duro de lo que pensaban que podrían. Puedo hacer que un 11 se sienta como una Medalla de Honor. Hago que los niños se sienten 40 minutos y atiendan a una clase, mientras sus padres no pueden hacer que se queden quietos por 5 minutos sin necesidad de un iPod o una consola de videojuegos. ¿En realidad quiere saber cuánto gano?”

(Pausó una vez más y miró a cada una de las personas en la mesa)

“Hago que los niños imaginen.

Hago que se cuestionen.

Hago que pidan disculpas y lo sientan en serio.

Hago que tengan respeto y sean responsables de sus acciones.

Les enseño a escribir y los hago escribir. Y no en un teclado.

Los hago leer, leer y leer nuevamente.

Hago que demuestren todo lo que son a través de las matemáticas. Usan el cerebro que Dios les dio y no una calculadora hecha por otros hombres.

Hago que mis estudiantes de otros países aprendan todo lo que necesitan saber de nuestro país sin necesidad de perder su propia identidad cultural.

Convierto a mi salón de clases en un lugar donde todos mis estudiantes se puedan sentir seguros y a salvo.

Finalmente, hago que entiendan que si usan los dones que recibieron, trabajan duro y siguen su corazón, pueden alcanzar el éxito en la vida.”

(Hizo una pausa más y continuó)

“Entonces, cuando las personas intentan juzgarme por lo que gano, puedo mantener mi cabeza en alto y decidir no prestarles atención, pues son tan ignorantes.

¿Quiere saber cuánto gano? Hago la diferencia en todas sus vidas. Educo a sus hijos y los preparo para ser gerentes, doctores e ingenieros.

¿Y cuánto gana usted, Sr. Gerente?”

Entonces, el Gerente se quedó en silencio por el resto de la cena.

No eduques a tus hijos para que sean millonarios o para que se crean mejores que los demás. Edúcalos para que sean felices y respetuosos, para que así sepan el valor de las cosas y no su precio.

Fuente: Perfecto

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