3 cosas que pasan si una pareja sigue junta sólo “por los niños”


Casi la mitad de los matrimonios en América terminan en divorcio pero, a pesar de ello, la palabra aún lleva consigo un estigma, especialmente si hay niños de por medio. Muchas parejas sienten la presión de seguir adelante con un matrimonio que no funciona por el bienestar de sus hijos. Sacrifican su felicidad por criar bien a sus hijos, sin que les afecten los problemas que conlleva un divorcio. Sus intenciones al tomar esa decisión, sin duda, son muy buenas pero, desafortunadamente, el impacto en la familia, no siempre es positivo.

Un hogar “casado”, no siempre trae felicidad, seguridad, o estabilidad. De hecho, puede acabar siendo justo lo opuesto.

A continuación te contamos tres cosas que hay que tener en cuenta en esta complicada situación:

1. Los hijos interiorizarán el comportamiento que tenéis el uno hacia el otro

Intencionadamente o no, tu pareja y tú estáis creando un modelo de relación para vuestros hijos. Aprenderán a tratar a los demás de la misma forma en que vosotros os relacionais. Aprenderán qué esperar de una pareja respeto o desprecio, rencor o compasión, consideración o desinterés, según la forma en la que tú y tu pareja interactuéis. Como James Baldwin escribió: “Los niños nunca han sido buenos escuchando a sus mayores, pero nunca han fallado en imitarlos.” Echa un vistazo a tu elección marital. Echa un vistazo a tu interacción y comportamiento diarios. Echa un vistazo a quién eres y a cómo estás viviendo tu vida. ¿Es lo que quieres para tus hijos?

2. Aparecerán los resentimientos, y no sólo entre tu pareja y tú

Los niños siempre encuentran a alguien a quien culpar por el conflicto y la infelicidad. Tal vez se posicionen más del lado de uno de los padres, una dinámica muy común y trágica que se suele ver en hijos de divorciados. Tal vez elijan a un chivo expiatorio, como por ejemplo a un vecino, un hermano problemático, o una familia aparentemente perfecta de la iglesia, pero lo más probable, es que se culpen a sí mismos por los problemas familiares. Como consecuencia, tendrán baja autoestima, sentimiento de culpa, ansiedad, problemas para controlar la ira, o incluso depresión. El trauma de un hogar roto, puede aparecer sin necesidad de que haya un trámite legal de divorcio de por medio. Muchas familias lo sufren a diario sin estar divorciados.

3. Tus hijos vivirán en un lugar de conflicto

Muchos adultos piensan que sus hijos son inmunes a la tensión del hogar, que no les afecta directamente. Pero no lo son. Ya sea que escuchen una pelea a través de las paredes, o que simplemente perciban la sensación de tensión durante el desayuno, tus hijos saben más de lo que crees, y eso les afecta profundamente. El conflicto sano es otra cosa. Después de todo, ninguna casa está totalmente en paz todo el tiempo. Los desacuerdos ocasionales, pueden enseñar a tus hijos cómo reconciliarse, perdonar y comprometerse. Sin embargo, si tu casa parece un campo de batalla muy a menudo, es poco probable que tus hijos se sientan seguros y felices allí.

La palabra divorcio, no tiene necesariamente que ser fea. De hecho, puede ser algo muy positivo para muchos niños. Terminar con un matrimonio fallido, te puede dar la oportunidad de tomar el control de tu vida y tu felicidad. Te puede dar la oportunidad para sanar, crecer, y descubrir la fortaleza y conocimiento que no sabías que estaba ahí. Haciendo esto, enseñarás a tus hijos a hacer lo mismo en un futuro.

No enseñes a tus hijos a conformarse con algo que es casi lo suficientemente bueno.

Enséñales a crear lo mejor. Muéstrales respeto a ti mismo, a tener independencia, y a poner unos límites saludables. Algún día te agradecerán lo que hiciste.