Carta abierta para la mujer que siempre termina siendo la segunda opción


Lo has intentado. Incluso tú lo sabes. Estás cansada de ser la alfombra de bienvenida de todos, de ser el trampolín de todos. Estás cansada de que todo el mundo recurra a ti, pero que no muestren agradecimiento en absoluto. Estás harta de que te todo el mundo te use y que abuse de ti, y sabes que necesitas hacer un cambio.

Probablemente te sientas muy mal por cómo te va la vida en este momento. Duele ser una mera opción a los ojos de la gente que te importa tanto. Y aún así, ahí estás, aún conservas la paciencia y resistencia. Aún conservas la esperanza de que pasarás a ser una prioridad. Sabes que tienes una gran personalidad. Sabes que tienes muchas cosas que ofrecer al mundo. Definitivamente sabes que mereces ser la primera opción de mucha gente. Mereces tener un mejor trato del que tienes ahora. Y aún así, ahí estás, permitiéndote a ti misma ser una opción. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué te sometes a este tipo de tormento y tortura?

Quizás seas demasiado amable, atenta, y generosa por tu propio bien. Quizás tiendas a dejar que la gente se aproveche de ti porque tienes un corazón tierno y dulce.

Quizás te preocupes demasiado por los sentimientos de la gente que te rodea, pero no te preocupas lo suficiente de cómo te sientes tú. Sabes que las acciones de la gente que te rodea te están haciendo daño a diario. Esta gente es muy importante para ti y, sin embargo, ellos no te tratan con el mismo respeto y amor con el que tú los tratas a ellos. Pero eres demasiado tímida para exigir más de ellos. Aún no crees que seas digna de pedir más.

Llegados a este punto, eres muy fuerte. Estás dispuesta a quedarte en tu propio dolor para que los demás no tengan que pasar por duros momentos. Sacrificas tu felicidad voluntariamente para que los demás puedan ser felices en tu lugar.

Sin embargo, hay cosas que están mal en tu vida, y tienes que poner un punto y final a este dolor autoinfligido. ¿Sabes por qué? La gente puede ver a través de ti. Ellos ven lo poco que te importa tu propia vida. Ven que no tienes sentido de la autoestima. Ven que no te valoras lo suficiente como para defenderte o exigir lo que quieres. Y saben lo débil que es tu personalidad, así que intentan explotarla y te explotan a ti. Se aprovecharán de ti porque saben que los dejarás. No te das a ti misma el trato que mereces, así que, ¿cómo vas a esperar que alguien lo haga?

Tienes que entender que en el momento en el que empieces a darte el respeto que en realidad mereces, la gente que te rodea, hará lo mismo. Pero desafortunadamente, aún no estás en ese punto. Estás paralizada por tu propia mente. No estás en el lugar correcto emocionalmente y aún tiendes a ser impulsiva e indecisa a la vez. Tienes un corazón de oro, pero a menudo, es fácilmente manipulado y engañado. Eres muy testaruda y cabezota. Saltarías por aros de fuego por la gente a la que más quieres, y casi nunca esperas nada a cambio. Te has acostumbrado a que los demás no te den lo que mereces. Pero todo el mundo lo puede ver en tus ojos. Estás cansada. Incluso tú lo sabes. Estás cansada de ser la alfombra de bienvenida de todos, de ser el trampolín de todos. Estás cansada de que todo el mundo recurra a ti, pero que no muestren agradecimiento en absoluto. Estás harta de que te todo el mundo te use y que abuse de ti, y sabes que necesitas hacer un cambio. Sabes que tu bondad y tu amor no es sano. De hecho, tienes una obsesión enfermiza por dañarte a ti misma por el bien de los demás.

Lo que en realidad necesitas hacer ahora mismo es dar un paso atrás de esta vida que estás viviendo. Deja de correr y sumergirte en cualquier cosa que sea mala para ti. Tómate tu tiempo y deja que la vida te lleve con su ritmo lento y gradual. No siempre tienes que estar empujando al tempo. Respira tan profundamente como puedas y deja que el oxígeno que llena tus pulmones te refresque. Reinicia tu sistema y haz propósito de empezar a vivir una vida mejor para ti.

Sí, no estás en tu estado más ideal. Querías una vida mucho mejor que la que estás viviendo ahora, pero todas tus experiencias pasadas te han hecho la persona que eres hoy. Pero sabes que tu pasado no tiene que definir necesariamente tu futuro. Recuerda que aún eres la dueña de tu vida y puedes tomar el control. Aún tienes el poder de amarte a ti misma.