Cómo enseñar a tu perrito a no hacer “Pipí” en casa. ¡No cometas el siguiente error!


Llega un nuevo miembro a tu familia, uno de cuatro patas. Todo el mundo en casa se vuelve como loco con el cachorrito pero, hay que adiestrarlo para que no haga pipí en cualquier rincón de la casa. ¿Cómo puedes evitar que eso ocurra? Pues a continuación, te mostramos algunos consejos sobre cómo enseñarle a que no haga sus cosas en casa.

No le riñas en casa hasta que no aprenda a hacerlo en la calle:

Tienes que enseñarle cuanto antes a hacer pipí en la calle y no regañarle cuando lo haga en casa porque, si le regañas, puede pensar que no debe hacerlo cuando tú estés con él y, entonces, puede que no lo haga tampoco en la calle. Cuando le enseñes que tiene que hacer pis en la calle, entonces puedes regañarle si lo hace en casa.

Cuando llegues a la puerta de casa, da media vuelta:

Puede ser que, después de estar un largo rato con él en la calle, no haya hecho sus necesidades y que, nada más entrar en casa, las haga. Esto se debe a que ellos, suelen hacer sus necesidades en un lugar en el que se sienten seguros. Así que, para evitar que pase esto, cuando llegues a la puerta de casa, da la vuelta y quédate en la calle otro rato. El perro ya estará preparado para orinar y como le resultará imposible aguantar más las ganas, lo hará en la calle. Una vez lo haga, premialo para que sepa que lo ha hecho bien y refuerce su conducta.

Mantén siempre los horarios de las salidas y las comidas:

Es muy importante que acostumbres a tu perro a salir a las mismas horas, pues si le cambias el horario constantemente, puede que el animal no se pueda controlar y haga sus necesidades en cualquier sitio.

Se paciente:

Ten en cuenta que un cachorro, no puede controlar sus ganas de hacer pipí hasta que no tiene al menos 6 meses, así que es importante que seas paciente con él y que, si te es posible, llévalo a la calle entre 6-8 veces.

Consejo:

Una mujer que tenía una perra contó que ella, enseñó a su perra desde pequeña a hacer sus necesidades en una caja de arena para gatos que tenía en la terraza. Cuando no hacía pipí en la caja, le regañaba pero sólo con palabras, sin pegarle ni restregarle el hocico por el pipí, después la metía en la caja, y le decía “pipí aquí.” Después de un tiempo, sólo tenía que abrir la puerta de la terraza para que la perra saliera a hacer sus necesidades en la caja. Obviamente, no le resultó una tarea fácil, pero con tiempo y paciencia, consiguió educar a su perra para que no hiciera sus necesidades dentro de casa.