Su hijo se enfadó y rompió el cristal de un portazo. Internet aplaude la reacción de la mamá


Así es como acabó el pasillo la semana pasada. Roto, troceado, resultado de los sentimientos negativos e incontrolados del niño de la casa. A veces las cosas se rompen sin motivo, pero hay otras veces que se rompen para poder soltar todo lo que llevas dentro. Existen muchas maneras de educar a un hijo, y la mayoría de las veces no sabemos si lo estamos haciendo bien o mal, aunque pongamos todo nuestro empeño.

Una madre quedó completamente atónita con el comportamiento de su hijo. Este irrumpió en el baño donde se encontraba la madre y le mostró toda su rabia, su ira… estaba frustrado, enfadado. Y decidió cerrar de golpe la puerta, un golpe seco que bastó para que el gran espejo se deslizara y cayera al suelo, rompiéndose en mil pedazos.

La madre miró al suelo, estaba tranquila, así que respiró hondo y no dejó salir ningún grito. Sacó al perro y al gato para que no pudieran cortarse, y volvió a respirar. Entró en el patio trasero y sintió como las lágrimas le caían por la cara. Es increíble como de sola puede sentirse una madre en momentos como esos. Y se dio cuenta de lo realmente asustada que estaba. Se planteó si realmente lo de su hijo era una rabieta típica del desarrollo, cuando de repente escuchó sus lágrimas por la ventana.

Su alma estaba herida, tenía miedo, estaba avergonzado, preocupado y asustado. Así que la madre respiró, pensó lo que era mejor en ese momento y se sentó a su lado. Eso es lo que necesitaba su pequeña alma. El amor más suave y dulce de su madre, el abrazo cálido de unos brazos que nunca lo dejarán caer. Y entonces el silencio se rompió, “mamá, nunca lo haré de nuevo, lo siento mucho”, afirmó el niño. Y las lágrimas empezaron otra vez a correr, esta vez por la cara del hijo.

Cuando la madre abrazó a su hijo supo que eso era grande, el niño se quedó acurrucado entre sus brazos, y ella lo sostenía apretado. Y se dio cuenta de lo pequeño que todavía era y de lo frágil que era su espíritu. Y ella le repitió unas palabras: te quiero, estás seguro aquí, estoy aquí, la peor parte ha terminado ahora, te tengo, estoy aquí, te quiero.

Y entonces, la madre le habla acerca de la ira. La ira es un sentimiento muy malo, y a la vez poderoso. Tiene derecho a estar enfadado, pero no a dejar que su ira lo controle. Él asiente con la cabeza, y vuelve a expresar una disculpa. La madre le confiesa que hay una mejor manera de mostrar sus sentimientos, y que mañana empezarán a trabajarla. “Estoy aquí para ayudarte, estás seguro”.

Para empezar, empiezan a limpiar juntos los pedazos de espejo del suelo. Un trabajo reflexivo. A veces las cosas se rompen, otras se rompen las personas. Lo importante no es saber el cómo o el por qué, lo importante es saber cómo nos enfrentamos a ello. ¿Con gritos, nos tiran un espiral de culpa y castigo, o nos ayudan a recordar cómo corregir de una forma más profunda y mucho más serena?. Casi siempre, la segunda es la mejor opción.